Se considera publicidad exterior aquella que utiliza lugares públicos para desarrollarse y va dirigida a un
público indeterminado. Está formada por carteles, vallas publicitarias, rótulos luminosos, banderolas y todos aquellos soportes que se instalan en lugares públicos o
donde se desarrollan espectáculos, eventos culturales, encuentros deportivos,
etc.
Ya en la época faraónica, los
mercaderes realizaban una incipiente promoción
de ventas inscribiendo mensajes
en piedras que colocaban en los caminos de acceso a la ciudad. Mucho más tarde,
se popularizaron los anuncios pintados.
En las ruinas
de Pompeya se han encontrado diversos carteles
anunciadores de comercios. Por otra parte, en la antigua Grecia se mostraban anuncios de los juegos olímpicos colocados en las paredes exteriores
del estadio.
Los anuncios gozaron de mayor difusión
con la popularización del papiro,
y posteriormente el papel. Más
tarde la invención de la imprenta en
el siglo XV supuso una revolución, casi tanto como
la difusión de la litografía en el siglo XVIII. Estas innovaciones dieron
paso a la divulgación masiva del cartel publicitario.
La litografía
impulsó la actividad publicitaria permitiendo una mayor creatividad en el
diseño y otorgando un gran protagonismo al dibujo publicitario al que se
acercaron grandes pintores como Toulouse
Lautrec.
Actualmente,
las nuevas tecnologías permiten una gran variedad de manifestaciones
publicitarias: vallas publicitarias móviles, iluminación interior de vallas,
grandes carteles luminosos, juegos de luces, etc.

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